
Oso herido.
Los afortunados pueden caminar cojos el resto de su vida, y aquellos a los que le sonríe especialmente la suerte pueden salir con sólo una cicatriz de recuerdo, pero, por lo general, los lazos ilegales ponen en peligro la vida de los plantígrados. La Fundación Oso Pardo ha dado la voz de alarma sobre la grave práctica de las trampas para animales, y denunció cómo este año sus vigilantes han retirado 193 de estos artilugios en Asturias, León y Lugo, aunque la cifra ha disminuido respecto a los 225 localizados en 2004
¿Se imagina llevar un cinturón de acero incrustado en la carne de su cintura? El oso, que fue localizado en los montes que separan Degaña (Asturias) y Páramo del Sil (León) el pasado septiembre, está viviendo, si es que todavía vive, de esa manera, a pesar de todos los intentos realizados por la Fundación Oso Pardo para localizarlo e intentar aliviarle de esa carga.
Los culpables de que muchos plantígrados se lesionen gravemente e incluso puedan morir a causa de una infección suelen ser o ganaderos que intentan evitar los daños que los jabalíes provocan en sus tierras de cultivo o en sus praderas y cazadores furtivos que desean llevarse a casa la cabeza de un corzo o, de nuevo, de un jabalí. No obstante, los osos también caen en esas trampas, que no sólo están prohibidas, sino que representan un delito contra la fauna previsto en el Código Penal que puede ser castigado con la pena de dos años de prisión, multas o, en el mejor de los casos, inhabilitación para cazar.
No obstante, estas amenazas parecen no ser suficientes, ya que la Fundación Oso Pardo acaba de denunciar que este año sus vigilantes han detectado y retirado 193 lazos ilegales. Si bien la comunidad gallega contribuye poco al cómputo total (con sólo seis localizados en Lugo), y la cifra es notablemente inferior a la registrada en 2004, cuando llegaba a los 225, los representantes de la ONG cántabra están inquietos por el enorme incremento que se ha registrado en Asturias, donde se ha vuelto, con 180 lazos retirados, a prácticamente la misma cifra que hace cuatro años. Esta cifra representa más del triple que la registrada en 2007, lo que “preocupa” a la Fundación.
Este mismo año la institución denunció a un vecino del concejo de Ibias (Asturias) que fue sorprendido mientras manipulaba lazos. Pero no es este el único peligro que acecha a estos omnívoros: los cebos envenenados. En los últimos años han muerto por esta razón siete osos en la Cornisa Cantábrica, uno de ellos en la provincia de Lugo. También en octubre de este año fallecía un ejemplar por un atropello en la A-6 en León.
Aunque noticias como la de ayer alertan del precario equilibrio que amenaza a la especie, los datos demográficos son buenos. Guillermo Palomero, presidente de la FOP, avanzó en agosto que en la población occidental de Asturias, Alto Sil y los Ancares leoneses hubo 18 osas con 34 oseznos, “la cifra más alta registrada nunca”, y en el núcleo oriental se detectaron tres osas con cinco oseznos, lo que supone “un buen dato”. En total, 21 osas con crías, que según Palomero, resulta el “mejor” dato en los últimos 20 años.
El florecimiento de la especie se hace notar también en Galicia, donde los osos vuelven a aparecer, sobre todo en la zona de Os Ancares, entre Cervantes y Navia, aunque sólo sea de paso. Allí la patrulla de la Fundación Oso Pardo encontró el año pasado rastros de tres ejemplares, aunque, según indicó Palomero, “los machos se marchan lejos, pero las hembras se quedan cerca y, si se queda alguna, se puede crear un pequeño núcleo entre Os Ancares de Lugo y León, porque los osos no entienden de fronteras”.