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La vida junto a la nuclear de Ascó.

Domingo, 20 / Abril , 2008

Este próximo verano se cumplirán 25 años de la puesta en funcionamiento de la central nuclear de Ascó I (Tarragona). Unas instalaciones que vuelven a estar de actualidad después de que trascendiera la dispersión, por el exterior del recinto, de diversas partículas radiactivas. Los 1.625 habitantes de esta pequeña población de la Ribera del Ebro han visto cómo su situación laboral mejoraba radicalmente tras la construcción de la central pero, al mismo tiempo, han comprobado la alarma que se genera cuando se produce algún incidente que pueda derivar en indicios de contaminación.

Esta nuclear cuenta con dos unidades: Ascó I y Ascó II. Ambas podrían haberse emplazado en cualquier lugar, pero la situación de la zona hizo que se ubicase a orillas del río Ebro, allá en los años ochenta. Los motivos, simples: las centrales nucleares necesitan lo que se denomina un «foco frío», es decir, sus máquinas han de tener temperaturas frías y esta exigencia la garantiza el agua del Ebro. «Cuando supimos que se iba a construir una nuclear al lado del pueblo, se generó mucha expectativa en la zona, porque entonces vivíamos básicamente de la agricultura», recuerda el alcalde de Ascó y trabajador de la central, Rafael Vidal. «Nos lo tomamos como algo positivo porque dio trabajo a muchísima gente. Sólo en su construcción participaron casi 6.000 personas», subraya.

Pero como en todas las grandes decisiones, hubo diversidad de opiniones en el pueblo: «Se creó una división social y hasta hubo enfrentamientos entre familias. Por un lado estaban los antinucleares, y por otro, el resto de la gente, que no se proclamaba a favor de la construcción, pero tampoco en contra». Según explica el alcalde, algunos vecinos abandonaron el pueblo por su rotunda oposición a la central. En esa época incluso el Ayuntamiento se oponía.

En 1978, el Consistorio acordó la suspensión de las obras de la unidad II de Ascó por motivos urbanísticos. Un año más tarde, la Audiencia de Barcelona licitó las obras y se continuó con su construcción.

Hoy día, Ascó I y Ascó II funcionan a pleno rendimiento las 24 horas del día los 365 días del año produciendo energía eléctrica. «La central ha permitido que los habitantes de Ascó tengan una de las rentas per cápita más altas de Cataluña», explica Vidal.

Las actividades nucleares son inspeccionadas y controladas por una autoridad reguladora independiente, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), creada al efecto y que informa directamente al Parlamento. Periódicamente, la central nuclear de Ascó se somete a una vigilancia radiológica ambiental que tiene como objetivo medir el impacto que pudiera tener en el medio ambiente el funcionamiento de la planta y se efectúa mediante la toma de medidas de radiación ambiental y la recogida de muestras para su análisis. Precisamente, el último incidente de las partículas radiactivas, salió a la luz gracias a esta vigilancia.

Incidentes.

Antes del año 2006 el promedio de incidentes notificables que tenía la central era de entre 6 y 7 al año. A partir de esta fecha, el CSN aumentó los criterios de notificación y muchas acciones, aún no siendo incidentes graves, debían ser notificadas, por lo que se pasó a una media de 30 al año. El 62% de los incidentes nucleares del pasado año se le atribuyen a Ascó. Depende del grado del incidente se cuantificará en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES) con un nivel que va progresivamente de 0 a 7. En todo este tiempo, Ascó no ha pasado del nivel 1.

En 2005 se detectaron incidencias en el sistema de agua de alimentación auxiliar, cosa que fue calificada de «anomalía» en nivel 1. Precisamente, el último suceso de las partículas está provisionalmente calificado de nivel 1, a la espera de más resultados de la investigación.

El pueblo tiene un plan de emergencia nuclear por si algún día ocurriese un incidente grave. «La ciudadanía conoce este plan y, si pasara algo, sabemos qué hacer y, en función de la gravedad del suceso, tomaríamos las medidas adecuadas». La presencia de la central nuclear obliga a convocar comisiones informativas. Se trata de unas reuniones periódicas donde participan los alcaldes de los pueblos de la AMAC (Asociación de Municipios en Áreas de Centrales Nucleares), con representantes de la Generalitat, la Subdelegación del Gobierno de Tarragona, el CSN y otras instituciones. Su función es informar de forma directa y participativa de la operativa de las centrales, a la sociedad e instituciones.

Cientos de trabajadores.

Actualmente trabajan casi 400 personas en las centrales de Ascó, aunque a esta cifra hay que sumarle cientos de trabajadores de empresas colaboradoras. «Tenemos que intentar que trabaje el máximo de gente en la nuclear. Desde el Ayuntamiento promoveremos la formación para que la gente tenga más facilidades para trabajar en la central y no sienta la necesidad de irse del pueblo porque aquí no hay trabajo», concluye el alcalde.

La central nuclear, está siempre bajo la mirada de los grupos ecologistas, que se oponen a su funcionamiento y vigilan atentamente todo lo que ocurre. Precisamente, los primeros en informar del suceso de la semana pasada fueron los miembros de Greenpeace, a través de un comunicado que se emitió dos horas antes que la central hiciese público el incidente.

Posteriormente, los ecologistas denunciaron que la cantidad de partículas encontradas fue 500.000 veces mayor de la que afirmó la nuclear.

Este pueblo de Tarragona cuenta con un plan de emergencia nuclear. «Si pasara algo, sabemos qué hacer», subraya el alcalde _ El Ayuntamiento da formación a los vecinos para trabajar en la central. Más de 1.600 personas viven en esta pequeña población de la ribera del Ebro.