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Luna llena de sorpresas.

Jueves, 10 / Julio , 2008

Hace 4.500 millones de años, un cuerpo del tamaño de Marte colisionó con la Tierra primitiva, en el mayor cataclismo que este planeta ha sufrido a lo largo de su historia. Pero también en la vida del cosmos, tras la tempestad llega la calma. En lugar de provocar la hecatombe definitiva, los escombros fundidos en el impacto regeneraron una nueva Tierra y un satélite atrapado en su órbita. Desde que el planeta y su Luna partieron sus bienes, el tiempo transcurrido ha marcado diferencias en su evolución. Una de ellas, observada por las misiones Apolo y Luna y que se convirtió en consenso científico general, era que todos los elementos volátiles de la Luna se esfumaron en el espacio durante la formación del satélite. Entre éstos, el agua.

El consenso se ha roto este jueves en las páginas de Nature. Un equipo de científicos ha demostrado no solamente que el viejo satélite de la Tierra aún reserva sorpresas para la ciencia, sino que algunas de éstas se pueden desvelar sin enviar naves al espacio ni enfocar los telescopios al cielo. El material necesario ya está aquí: las muestras recogidas por los astronautas de las misiones Apolo en la década de 1970. Y la sorpresa es que la Luna no fue siempre seca, y tal vez hoy tampoco lo sea.

Los autores han analizado roca primitiva de basalto lunar, en forma de vidrios verdosos o anaranjados que semejan minúsculas cuentas de collar, de tamaño inferior a un milímetro. Estas partículas fueron expulsadas por los volcanes lunares hace 3.000 millones de años y recolectadas por las misiones Apolo 11, 15 y 17. El equipo dirigido por el geoquímico argentino Alberto Saal, de la Universidad Brown (EEUU), partía de una premisa sugerente: los exámenes practicados a las muestras lunares ya habían apuntado a la existencia de elementos volátiles en el vientre del satélite, como azufre, cloro, flúor y carbono. ¿Qué hay del agua? La pregunta se enfrentaba al reto de desafiar un resultado que hasta el momento había sido negativo en los análisis. Pero para Saal y sus colaboradores, negativo quizá significaba que la cantidad era demasiado pequeña para la sensibilidad de los instrumentos disponibles, capaces de descubrir hasta 50 partes por millón (ppm) de agua. Era necesario disminuir el umbral de detección.

Según explica Saal a Público, el coautor del estudio Erik Hauri, de la Carnegie Institution, logró perfeccionar la metodología para alcanzar una resolución de 5 ppm. Y al aplicarlo a los cristales, la lectura les dejó atónitos: 46 ppm de agua.

Pero eso no era todo. El estudio de las cuentas cristalinas revelaba su historia geológica; los volátiles decrecían del núcleo del cristal hacia su superficie, indicando que una parte sustancial del agua se había perdido durante la erupción volcánica: hasta un 95%, estimaron los científicos. La consecuencia de esto era que el magma original debió contener hasta 750 ppm de agua. El estudio evalúa el alcance del hallazgo, sugiriendo la intrigante posibilidad de que el interior de la Luna pudo contener tanta agua como el manto superior de la Tierra.

Si el 5% aún se conserva encerrado en la roca, ¿qué fue del 95% restante? Saal razona que una parte debió escapar de la débil gravedad lunar para perderse en el espacio. Pero si, como sugieren algunos estudios, los cráteres sombreados de los polos lunares pueden albergar reservas de hielo, los resultados de Saal darían un giro a las hipótesis corrientes, que sitúan el origen de estas reservas hídricas en el impacto de cometas o asteroides y no en la propia Luna. Es más; Saal está convencido de que la similitud en los isótopos entre la Tierra y su satélite demostrará que el planeta ya albergaba agua antes del gran impacto, una teoría discutida.

A la espera de las misiones que dirimirán si los futuros exploradores lunares podrán contar con abastecimiento de agua in situ, el proyecto de Saal aporta algo más: un ejemplo de cómo el dogma puede convertirse en un lastre para el avance, si nadie se atreve a arrancar la espada de la roca. Saal precisa que su intención no era retadora, sino más bien naif: “Yo trabajaba con material terrestre, pero nos dijimos, ¿por qué no? La contribución de científicos de otras disciplinas plantea cuestiones fuera de la corriente, que pueden retar hipótesis asentadas en el pensamiento de los científicos del propio campo. Cuando sugerí medir volátiles en material lunar, todos decían que era una empresa inútil. Tardamos tres años en convencer a la NASA de que el proyecto merecía financiación. Porque todos sabíamos que la Luna estaba seca”.

¿Quieres ser astronauta?

Sábado, 19 / Abril , 2008

La Agencia Espacial Europea (ESA) lanzó el pasado día 10 su tercera convocatoria de plazas de astronautas con el fin de reclutar a cuatro jóvenes dispuestos a encabezar «las misiones tripuladas a la Estación Espacial Internacional (EEI), la Luna y más allá». El anuncio no se verá en la prensa, sino que será una campaña por Internet y una serie de eventos promocionales en los 17 países que integran la ESA, con el objetivo de seleccionar a jóvenes con inquietud, preparación y un buen estado de salud dispuestos a pasar largas temporadas en el espacio. Dicha campaña de reclutamiento comenzará en mayo.

«No buscamos a un supermán, pero sí a gente sana y con un perfil psicológico muy determinado, con capacidad de adaptación, abiertos, que les guste trabajar en equipo», aseguró a el responsable de comunicación del centro de astronautas de la agencia, Jean Coisne.

Los cuatro elegidos se sumarán a los ocho astronautas que en la actualidad componen el cuerpo de la ESA. Con ese equipo rejuvenecido se afrontarán los dos grandes desafíos a los que se enfrenta la agencia: la explotación de la Estación Espacial Internacional (EEI) y la exploración del sistema solar, según el responsable del centro europeo de astronautas de la ESA, Michel Tognini.

La instalación del laboratorio europeo Columbus en la EEI y el éxito del primer viaje del vehículo de transporte automatizado Julio Verne han relanzado los trabajos de la ESA en la estación, donde se intensificará en los próximos meses el envío de astronautas europeos.

Pero el horizonte de la agencia europea va más allá, con proyectos de misiones tripuladas a la Luna u otros lugares del sistema solar, lo cual necesita de una renovación de su cuerpo de astronautas.

Para entrar en esa reducida elite, los candidatos deberán superar un riguroso proceso de selección.

La presentación de la candidatura, que se hará por Internet, debe ir acompañada de un certificado médico similar al que se solicita a los pilotos de línea.

La agencia busca jóvenes con estudios científicos, médicos o de pilotaje, con dos años de experiencia profesional y altas dosis de curiosidad por el espacio.

La ESA espera miles de candidaturas que serán cribadas en diferentes fases. Los candidatos afrontarán una primera oleada de test de aptitud profesional y psicológica, lo que conlleva exámenes de evaluación de la capacidad cognitiva. El peldaño siguiente comprende exámenes clínicos a cargo de expertos de medicina aeronáutica, test de laboratorio y de procesos espaciales. Aquellos que superen esta nueva criba serán considerados como «potenciales» miembros del personal de la ESA y pasarán ante la comisión de examen de candidaturas de la agencia.

Será el último escalón que les separa de su nombramiento oficial, previsto para principio de 2009 y que les abrirá la puerta del centro de formación de Colonia (Alemania), donde se convertirán en auténticos astronautas. Aunque es la tercera campaña de reclutamiento de la ESA, será la primera que la agencia lanza de forma conjunta en sus 17 países miembros.

Con anterioridad, cada Estado seleccionaba a sus candidatos mientras que ahora la agencia pilota todo el proceso.

En 1978 se lanzó una selección, que permitió reclutar a los tres primeros astronautas de la ESA, el alemán Ulf Merbold, el holandés Wubbo Ockels y el suizo Claude Nicollier, que efectuaron la pionera misión tripulada en 1983 a bordo de la cápsula Spacelab, integrada en un transbordador espacial estadounidense.

Catorce años más tarde, la ESA volvió a buscar astronautas en un proceso que desembocó en la selección de Pedro Duque como primer español en el espacio.

Aquella generación ya ha madurado y la ESA busca ahora sangre nueva con la que seguir explorando el espacio.