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Marte

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A Marte con energía solar.

Jueves, 13 / Noviembre , 2008
Satelite espacial.

Satelite espacial.

Una misión de investigación con tripulación humana en Marte podría abastecerse con energía solar, siempre y cuando se situara en una latitud adecuada, según un artículo publicado hoy por la revista británica “New Scientist”.

EFE La Agencia Espacial Estadounidense (NASA) quiere determinar cuál es la mejor fuente de energía para las expediciones al planeta rojo, la solar o la nuclear, y para ello ha encargado un estudio al Instituto de Tecnología de Massachusetts (EEUU).

Este debate energético se ha acentuado después de que la NASA diera por concluida la misión de la sonda “Phoenix” en Marte ante la imposibilidad de establecer comunicación con ella.

Esa misión, que funcionaba mediante energía proporcionada por paneles solares, se abortó cuando éstos dejaron de recargarse debido a las tormentas de arena.

Otras sondas, como la Cassini, la Galileo y la New Horizons, portaron generadores de energía nuclear, una opción que, según los investigadores, es la “clara ganadora” en el debate porque permite un abastecimiento constante de energía.

Sin embargo, los detractores de esta opción alegan que cualquier accidente podría causar una lluvia de desechos radiactivos en la Tierra o en Marte.

Hasta ahora, los científicos pensaban que los rayos del sol serían demasiado débiles en Marte como para ser transformados en una importante cantidad de energía.

Se calcula que serían necesarios unos 100 kilovatios para que los exploradores de Marte pusieran en funcionamiento un entorno operativo y pudieran regresar a la Tierra.

El equipo de investigadores explica que, si la nave se ubica en la localización adecuada -una latitud entre 0 y 40 grados al norte del ecuador marciano-, el sol puede suministrar toda la energía que la estación necesitaría, incluso cuando se produzcan tormentas de arena.

Tras evaluar 13 sistemas de generación de energía, los científicos concluyeron que sería viable una misión que portara varios rollos de paneles solares que cubrieran una superficie de 10.000 metros cuadrados.

Esta misión podría obtener los 100 kilovatios necesarios si se situara 25 grados al norte del ecuador marciano.

Una vez sobre la superficie marciana, dos miembros de la tripulación tendrían que dedicar 17 horas a la extensión y puesta en marcha de los paneles, aunque los investigadores destacan la posibilidad de utilizar robots para tal fin.

Agua en Marte.

Domingo, 3 / Agosto , 2008

La frase del profesor William V. Boynton, responsable del Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona, es equiparable a la que pronunció en su día Neil Alden Armstrong, al descender del Apolo XI. El astronauta dijo: “Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la Humanidad”, y el científico ha dicho: “Hoy, al fin, la hemos tocado y la hemos probado”. Se refería, claro, a las muestras de hielo recogidas en Marte por la sonda Phoenix. Al derretirse, el vapor fue analizado y pudo afirmarse con rotundidad que era agua. Agua en Marte suena casi a título de película de ciencia ficción, por todo el arsenal de información, de mitología, de ciencia y pseudociencia que ha pasado a formar parte de nuestro imaginario colectivo.

Es muy pronto, como afirman los especialistas, para hablar de “vida” en el planeta rojo, una circunstancia que es percibida todavía como lejana hipótesis. Pero después de haberse comprobado el hecho cierto de la existencia de agua, más allá de las suposiciones fotográficas del Mars Odissey y de las conjeturas teóricas, se abre para la NASA un nuevo campo de acción, que incluye la posibilidad de enviar a ese planeta una misión tripulada en este siglo. El hallazgo coincide con la celebración del 50 aniversario de la agencia espacial americana, y después de años jalonados por éxitos históricos y fracasos estrepitosos.

Luna llena de sorpresas.

Jueves, 10 / Julio , 2008

Hace 4.500 millones de años, un cuerpo del tamaño de Marte colisionó con la Tierra primitiva, en el mayor cataclismo que este planeta ha sufrido a lo largo de su historia. Pero también en la vida del cosmos, tras la tempestad llega la calma. En lugar de provocar la hecatombe definitiva, los escombros fundidos en el impacto regeneraron una nueva Tierra y un satélite atrapado en su órbita. Desde que el planeta y su Luna partieron sus bienes, el tiempo transcurrido ha marcado diferencias en su evolución. Una de ellas, observada por las misiones Apolo y Luna y que se convirtió en consenso científico general, era que todos los elementos volátiles de la Luna se esfumaron en el espacio durante la formación del satélite. Entre éstos, el agua.

El consenso se ha roto este jueves en las páginas de Nature. Un equipo de científicos ha demostrado no solamente que el viejo satélite de la Tierra aún reserva sorpresas para la ciencia, sino que algunas de éstas se pueden desvelar sin enviar naves al espacio ni enfocar los telescopios al cielo. El material necesario ya está aquí: las muestras recogidas por los astronautas de las misiones Apolo en la década de 1970. Y la sorpresa es que la Luna no fue siempre seca, y tal vez hoy tampoco lo sea.

Los autores han analizado roca primitiva de basalto lunar, en forma de vidrios verdosos o anaranjados que semejan minúsculas cuentas de collar, de tamaño inferior a un milímetro. Estas partículas fueron expulsadas por los volcanes lunares hace 3.000 millones de años y recolectadas por las misiones Apolo 11, 15 y 17. El equipo dirigido por el geoquímico argentino Alberto Saal, de la Universidad Brown (EEUU), partía de una premisa sugerente: los exámenes practicados a las muestras lunares ya habían apuntado a la existencia de elementos volátiles en el vientre del satélite, como azufre, cloro, flúor y carbono. ¿Qué hay del agua? La pregunta se enfrentaba al reto de desafiar un resultado que hasta el momento había sido negativo en los análisis. Pero para Saal y sus colaboradores, negativo quizá significaba que la cantidad era demasiado pequeña para la sensibilidad de los instrumentos disponibles, capaces de descubrir hasta 50 partes por millón (ppm) de agua. Era necesario disminuir el umbral de detección.

Según explica Saal a Público, el coautor del estudio Erik Hauri, de la Carnegie Institution, logró perfeccionar la metodología para alcanzar una resolución de 5 ppm. Y al aplicarlo a los cristales, la lectura les dejó atónitos: 46 ppm de agua.

Pero eso no era todo. El estudio de las cuentas cristalinas revelaba su historia geológica; los volátiles decrecían del núcleo del cristal hacia su superficie, indicando que una parte sustancial del agua se había perdido durante la erupción volcánica: hasta un 95%, estimaron los científicos. La consecuencia de esto era que el magma original debió contener hasta 750 ppm de agua. El estudio evalúa el alcance del hallazgo, sugiriendo la intrigante posibilidad de que el interior de la Luna pudo contener tanta agua como el manto superior de la Tierra.

Si el 5% aún se conserva encerrado en la roca, ¿qué fue del 95% restante? Saal razona que una parte debió escapar de la débil gravedad lunar para perderse en el espacio. Pero si, como sugieren algunos estudios, los cráteres sombreados de los polos lunares pueden albergar reservas de hielo, los resultados de Saal darían un giro a las hipótesis corrientes, que sitúan el origen de estas reservas hídricas en el impacto de cometas o asteroides y no en la propia Luna. Es más; Saal está convencido de que la similitud en los isótopos entre la Tierra y su satélite demostrará que el planeta ya albergaba agua antes del gran impacto, una teoría discutida.

A la espera de las misiones que dirimirán si los futuros exploradores lunares podrán contar con abastecimiento de agua in situ, el proyecto de Saal aporta algo más: un ejemplo de cómo el dogma puede convertirse en un lastre para el avance, si nadie se atreve a arrancar la espada de la roca. Saal precisa que su intención no era retadora, sino más bien naif: “Yo trabajaba con material terrestre, pero nos dijimos, ¿por qué no? La contribución de científicos de otras disciplinas plantea cuestiones fuera de la corriente, que pueden retar hipótesis asentadas en el pensamiento de los científicos del propio campo. Cuando sugerí medir volátiles en material lunar, todos decían que era una empresa inútil. Tardamos tres años en convencer a la NASA de que el proyecto merecía financiación. Porque todos sabíamos que la Luna estaba seca”.

Se podrían plantar espárragos en el suelo de Marte.

Sábado, 28 / Junio , 2008

Las muestras de suelo marciano analizadas por la Phoenix contienen ingredientes para desarrollar alguna forma de vida, según han asegurado los científicos de la NASA encargados de la misión.

Esas muestras obtenidas por la sonda, que también confirmó la presencia de hielo en el suelo marciano, “son mucho más alcalinas de lo que se creía”, han subrayado los expertos en una conferencia realizada en Tucson (Arizona, EEUU). “Hemos encontrado básicamente lo que parecen ser los requisitos, los nutrientes, para apoyar vida, pasada o presente en Marte”, ha manifestado Sam Kounaves, uno de los coordinadores del proyecto.

“Estamos asombrados por los datos que hemos recibido. Es el tipo de suelo que uno podría encontrar en el patio de casa, muy alcalino. Se podrían plantar espárragos en él”, ha afirmado. “No hay nada que pudiera excluir la posibilidad de vida. Más bien, parecer ser muy amistoso”, ha agregado.

El análisis de las muestras realizado por el laboratorio químico de la nave también ha determinado la presencia de magnesio, sodio, potasio y otros elementos. No obstante, Kounaves ha advertido de que se necesitará realizar análisis de otras muestras para determinar exactamente si existen todos los elementos necesarios.

“Hay todavía muchos interrogantes sin respuesta acerca de la verdadera composición del suelo marciano”, ha indicado David Paige, científico de la Universidad de California.

Aparte de la existencia de agua, la nave hasta ahora no ha constatado la presencia de carbono, el otro elemento crucial para el desarrollo de algún tipo de vida como la que conocemos en la Tierra.

La nave de la NASA descendió en las cercanías del polo norte marciano el pasado 25 de mayo, después de un viaje de 10 meses hacia el planeta.

El objetivo principal de su misión es esclarecer si en su pasado remoto el planeta albergó, además de agua, elementos orgánicos que pudieron dar origen a un tipo de vida.

Siete minutos para conquistar Marte.

Domingo, 25 / Mayo , 2008

Casi cuatro años y medio han pasado desde que la NASA, sumida entonces en una grave crisis, se mordió las uñas durante días hasta que concluyó el aparatoso aterrizaje de sus robots exploradores sobre Marte. Ahora, y aunque la situación es más relajada, tocará volver a sufrir ante la inminente llegada de la misión que tomará el relevo de los ya célebres autómatas geológicos.

‘Phoenix’, una plataforma capaz de excavar, estudiar muestras y analizar el clima del planeta rojo, se encargará de profundizar en uno de los dilemas científicos más apasionantes de las últimas décadas: ¿hay, o ha habido, vida microbiana en Marte?

La misión buscará bajo el congelado suelo del ártico marciano y tratará de trazar una historia del pasado acuático del planeta en todas sus fases, desde hace miles de millones de años.

Antes, claro está, tendrá que posarse sana y salva sobre la superficie del planeta, en una complicada maniobra que comenzará a la 1.46 de la madrugada (hora peninsular española) y que ya ha sido bautizada como “los siete minutos del terror”.

La ‘Phoenix’, que lleva nueve meses viajando, entrará en la atmósfera marciana a unos 21.000 kilómetros por hora. Durante los temidos siete minutos, tendrá que realizar una complicada serie de operaciones hasta reducir su velocidad a sólo 8 kilómetros por hora, justo antes de que sus tres patas toquen el suelo.

Primero será la propia fricción con la atmósfera la que decelere la nave, después se desplegará un sistema de paracaídas y, por último, unos retrocohetes permitirán que el amartizaje sea lo más suave posible. A las 1.53 de la madrugada (hora peninsular española), si todo ha ido bien, los técnicos tendrán la confirmación desde Tierra de la llegada de ‘Phoenix’ a la superficie.

Pese a que la NASA ha gastado 420 millones de dólares en la misión, el éxito no está garantizado. De hecho, más de la mitad de las naves que han tratado de aterrizar en Marte han fracasado. Los ‘Mars Rovers’, antecesores del Phoenix, aún ruedan por el suelo del planeta rojo, pero dieron muchos quebraderos de cabeza a sus responsables durante el amartizaje. El primero de ellos, Spirit, pasó días fuera de contacto y casi se dio por perdido.

Para complicar más las cosas, los tres últimos amartizajes exitosos, incluidos los de los Rovers, se realizaron con sistemas airbag que envolvían a los vehículos al tocar suelo. En esta ocasión, dada la pesada carga instrumental que lleva la Phoenix, no se dispondrá de esta medida de seguridad.

“No se trata de una visita a la casa de la abuela. Hacer descender una nave en Marte, de manera segura, es difícil y arriesgado”, indica Ed Weiler, ejecutivo de las oficinas centrales de la NASA en Washington. La única ventaja es que el área donde aterrizará el vehículo es una de las menos rocosas del planeta.

Phoenix recibe su nombre de la mitológica ave Fénix. Al igual que el legendario animal, la nueva misión de la NASA ha renacido de sus propias cenizas: la estructura de la nave y algunos de los instrumentos provienen del viejo proyecto ‘Mars Surveyor Lander’, que se abandonó por falta de presupuesto.

Y otros instrumentos se inspiran en los que llevaba el ‘Mars Polar Lander’, uno de los vehículos que ha fracasado en su intento de posarse sobre el planeta rojo. Completa la misión la estación meteorológica acoplada al vehículo, costeada por la Agencia Espacial de Canadá por un valor de 37 millones de dólares.

La Agencia Espacial Europea (ESA), cuya sonda Mars Express se encuentra en la órbita del planeta rojo, también aportará un granito de arena al éxito de la misión, ya que prestará cobertura durante la complicada etapa de descenso y aterrizaje.

Las antenas de espacio profundo de la ESA, incluida la situada en Cebreros (Ávila), también han colaborado durante los últimas días para determinar si la nave se acercaba al punto de aterrizaje con el ángulo correcto, lo que parece que así ha sido. La nave se encamina hacia una latitud cercana al polo norte, equivalente a Groenlandia o al norte de Alaska.

Estas regiones árticas nunca han sido exploradas en profundidad, pese a que la gran cantidad de agua que albergan, en forma de hielo subterráneo o vapor atmósferico, las hacen especialmente interesantes desde el punto de vista científico.

Si el amartizaje se salda con éxito, la ‘Phoenix’ desplegará sus instrumentos y empezará a trabajar a pleno rendimiento pasados 90 días marcianos (que duran 40 minutos más que los de aquí).