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NASA

...navegando por la palabra clave

 
 

El telescopio Hubble.

Sábado, 1 / Noviembre , 2008
Telescopio Hubble.

Telescopio Hubble.

El telescopio espacial ‘Hubble’, el ‘gran ojo’ del universo, está achacoso. La NASA tiene dificultades para administrarle la compleja medicina tecnológica que necesita para seguir escrutando los confines del cosmos. La agencia espacial estadounidense anunció el viernes que no realizará en febrero de 2009 la prevista misión de reparación, necesaria para mantener a pleno rendimiento a esta joya de la tecnología espacial. Aplaza «sin fecha» una necesaria misión que ya se programó para mediados de octubre. Una operación diseñada para que siete astronautas repararen las averías y modernicen el maltrecho instrumental del sofisticado telescopio y alarguen su vida útil. Es crucial para prolongar su funcionamiento al menos hasta 2013, fecha prevista para el lanzamiento de su sucesor, el telescopio espacial ‘James Webb’ que ya está en construcción.

El ‘Hubble’ va camino de cumplir veinte años de aventura espacial, y el paso del tiempo lo castiga. Tanto, que en los últimos meses se ha suspendido varias veces su actividad. Su instrumental científico quedó automáticamente en suspenso el pasado 27 de septiembre cuando una grave «anomalía técnica» del ordenador principal lo dejó «ciego» e impidió la trasmisión a la Tierra de las imágenes y datos que recoge. La avería obligó a la NASA a reprogramar el sistema de emergencia del telescopio y activar un mecanismo de reserva que jamás se había usado.

NASA, ¿cumpleaños feliz?.

Martes, 30 / Septiembre , 2008
NASA.

NASA.

La National Aeronautics and Space Administration, más conocida como la NASA, cumple cincuenta años mañana. Y los cumple en un momento en que a Estados Unidos le cuesta encontrar su sitio tanto en la tierra como en el cielo. La gran agencia espacial norteamericana tiene que dejar de vivir de las rentas del pasado y superar su miedo al futuro si quiere seguir siendo grande, ha advertido su jefe, Michael Griffin. También tiene que aprender que la carrera espacial ya no es cosa de uno ni de dos, sino como mínimo de tres: China llega con fuerza.

Si ahora tengo 30 años, ¿puedo esperar ver con mis propios ojos la llegada del hombre a Marte? La pregunta se la hicieron hace poco a Wayne Hale, uno de los administradores de la NASA. Su respuesta arrancó con humor: «Yo tengo 54 años, y estoy seguro de que lo veré». Al final, el humor tiende ligeramente a negro, viniendo de un norteamericano: «Lo que no sé es de qué nacionalidad será el primer astronauta que llegue allí».

Y es que la NASA es la historia de una leyenda, pero también lo es de una obsesión, de nombre «guerra» y de apellido «fría». Cuando en 1958 el presidente Eisenhower dio la orden de crear una agencia espacial norteamericana no lo hizo por un amor empedernido a la Ciencia, ni por haber leído a Julio Verne de pequeño. Lo hizo porque los soviéticos habían lanzado el Sputnik. Después de no poco sufrimiento, pero también con no poco orgullo, el 20 de julio de 1969 Neil Armstrong y Edwin E. Aldrin pisaron la Luna. Qué grande pareció ese día ser americano.

Desde ahí no es que haya ido todo cuesta abajo, pero casi. Conquistada la Luna resultó difícil volver a alcanzar metas comparablemente estimulantes. Y es que, aunque la ciencia-ficción haya acostumbrado a la gente a pensar en cohetes de cine que pulsando un botón saltan de dimensión y de galaxia, avanzar por el espacio sigue siendo una cosa ardua y lenta. Los lanzamientos alcanzan sólo una fracción de la velocidad de la luz, y aún empeñando en ellos cantidades abrumadoras de energía no se consigue llegar muy lejos. Si a eso se le suma el coste en vidas humanas pagado en los accidentes del Columbia y del Challenger, se comprende que el entusiasmo por las estrellas haya decaído.

El final de la guerra fría fue el inicio de la decadencia de la NASA. Los Estados Unidos parecían no tener ya motivos para ahondar en la materia, más cuando se trata de una materia carísima en época de vacas flacas. Los administradores de la agencia espacial tuvieron que fajarse duramente para que se les permitiera correr con el gasto -y con el riesgo- de mandar astronautas a reparar el telescopio Hubble.

El caso es que mientras el ruido de sables se apagaba en los cuarteles de la NASA, florecía calladamente otro tipo de esplendor. Surgía una vocación científica más desligada de la ambición exhibicionista o militar. Un modelo de carrera espacial más desinteresada y pacifista, donde los cielos no serían tanto, o no sólo, un campo de batalla, sino de cooperación e investigación. Por ejemplo para prevenir el cambio climático.

Desde este punto de vista, la NASA no sólo no ha languidecido sino que está más en forma que nunca. Sólo las observaciones del Hubble han ensanchado los horizontes de la ciencia hasta extremos maravillosos. Cada sonda espacial que se despacha a Marte buscando agua o indicios de vida vuelve cargada de posibilidades y sugerencias.

A Wayne Hale le gusta comparar la aventura de la NASA con el descubrimiento de América: dice que Isabel la Católica pudo vender sus joyas y darle el dinero a los pobres en vez de arriesgárselo y dárselo a Cristóbal Colón. «¿Cómo sabemos que la cura para el cáncer no se descubrirá en Marte?», apunta provocador en «The Washington Post».

Cohetes sin honra.

En la NASA están muy pendientes de la carrera presidencial americana. Sienten que ahí se decide también su futuro. Barack Obama empezó mostrándose frío con la carrera espacial por verla como un residuo militarista de la guerra fría, en cambio ahora que descubre su potencial civil está más dispuesto a darle aire. John McCain estaría en cambio más interesado en una agencia espacial más clásica, más pendiente de competir con los vecinos.

En el fondo ese es el dilema: cohetes sin honra, honra sin cohetes. George Bush prometió la vuelta a la Luna antes de 2020 y llegar a Marte alrededor de 2037, todo por el miedo de que se les adelante China. Otros creen que lo importante no es tanto eso como mantener viva la llama de la curiosidad. Y no tener prisa. Después de todo, sólo hace 516 años que Colón llegó a América.

Agua en Marte.

Domingo, 3 / Agosto , 2008

La frase del profesor William V. Boynton, responsable del Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona, es equiparable a la que pronunció en su día Neil Alden Armstrong, al descender del Apolo XI. El astronauta dijo: “Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la Humanidad”, y el científico ha dicho: “Hoy, al fin, la hemos tocado y la hemos probado”. Se refería, claro, a las muestras de hielo recogidas en Marte por la sonda Phoenix. Al derretirse, el vapor fue analizado y pudo afirmarse con rotundidad que era agua. Agua en Marte suena casi a título de película de ciencia ficción, por todo el arsenal de información, de mitología, de ciencia y pseudociencia que ha pasado a formar parte de nuestro imaginario colectivo.

Es muy pronto, como afirman los especialistas, para hablar de “vida” en el planeta rojo, una circunstancia que es percibida todavía como lejana hipótesis. Pero después de haberse comprobado el hecho cierto de la existencia de agua, más allá de las suposiciones fotográficas del Mars Odissey y de las conjeturas teóricas, se abre para la NASA un nuevo campo de acción, que incluye la posibilidad de enviar a ese planeta una misión tripulada en este siglo. El hallazgo coincide con la celebración del 50 aniversario de la agencia espacial americana, y después de años jalonados por éxitos históricos y fracasos estrepitosos.

Desvelado uno de los misterios de la aurora boreal.

Sábado, 26 / Julio , 2008

El brillo y el baile de las coloridas auroras boreales en los cielos cercanos a los círculos polares son un espectáculo mágico. Hasta ahora el misterio ha dado un aura mágica al fenómeno, pero la NASA acaba de identificar el truco. Al menos, uno de ellos. Según se ha comprobado en una investigación que ha combinado los análisis de cinco pequeños satélites del programa Themis lanzados al espacio en febrero del 2007 y los de una veintena de observatorios en Canadá y Alaska, todo comienza a casi 130.000 kilómetros de distancia de la Tierra. Allí se producen tormentas geomagnéticas que provocan las subtormentas que causan el encendido y los rápidos movimientos de las auroras boreales.

Lo que está detrás de esas tormentas es un fenómeno que se denomina reconexión magnética y que tiene que ver con los campos magnéticos de la Tierra. Capturando y almacenando energía del viento solar, esos campos se estiran como si fueran una goma elástica. Cuando cesa el estiramiento y los campos magnéticos vuelven a la Tierra en una forma diferente a la que tenían, producen una especie de cortocircuito y almacenan energía. Y cuando se produce la reconexión magnética, partículas cargadas vuelven a la atmósfera y alimentan las auroras boreales, encendiéndolas y haciéndolas bailar. Es precisamente tras esas auroras, y no antes como hasta ahora sostenían algunas teorías, cuando el proceso culmina con la redistribución de las corrientes eléctricas que flotan en el espacio que rodea la Tierra.

ENORME POTENCIAL.

Las aplicaciones del descubrimiento presentan un enorme potencial para los investigadores, pues la comprensión de las tomentas geomagnéticas vinculadas a las auroras boreales puede servir para entender mejor otro tipo de tormentas que son capaces de anular satélites, afectar a instalaciones de energía y telecomunicaciones y hacer que se produzcan, por ejemplo, apagones o fallos en los sistemas GPS. Esas otras tormentas son más poderosas pero menos frecuentes.

Las conclusiones de la NASA, de todos modos, no permiten aún descartar por completo otra teoría que sostiene que las tormentas se producen más cerca de la Tierra.

Se podrían plantar espárragos en el suelo de Marte.

Sábado, 28 / Junio , 2008

Las muestras de suelo marciano analizadas por la Phoenix contienen ingredientes para desarrollar alguna forma de vida, según han asegurado los científicos de la NASA encargados de la misión.

Esas muestras obtenidas por la sonda, que también confirmó la presencia de hielo en el suelo marciano, “son mucho más alcalinas de lo que se creía”, han subrayado los expertos en una conferencia realizada en Tucson (Arizona, EEUU). “Hemos encontrado básicamente lo que parecen ser los requisitos, los nutrientes, para apoyar vida, pasada o presente en Marte”, ha manifestado Sam Kounaves, uno de los coordinadores del proyecto.

“Estamos asombrados por los datos que hemos recibido. Es el tipo de suelo que uno podría encontrar en el patio de casa, muy alcalino. Se podrían plantar espárragos en él”, ha afirmado. “No hay nada que pudiera excluir la posibilidad de vida. Más bien, parecer ser muy amistoso”, ha agregado.

El análisis de las muestras realizado por el laboratorio químico de la nave también ha determinado la presencia de magnesio, sodio, potasio y otros elementos. No obstante, Kounaves ha advertido de que se necesitará realizar análisis de otras muestras para determinar exactamente si existen todos los elementos necesarios.

“Hay todavía muchos interrogantes sin respuesta acerca de la verdadera composición del suelo marciano”, ha indicado David Paige, científico de la Universidad de California.

Aparte de la existencia de agua, la nave hasta ahora no ha constatado la presencia de carbono, el otro elemento crucial para el desarrollo de algún tipo de vida como la que conocemos en la Tierra.

La nave de la NASA descendió en las cercanías del polo norte marciano el pasado 25 de mayo, después de un viaje de 10 meses hacia el planeta.

El objetivo principal de su misión es esclarecer si en su pasado remoto el planeta albergó, además de agua, elementos orgánicos que pudieron dar origen a un tipo de vida.