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ratones

...navegando por la palabra clave

 
 

Crean un superratón ‘inmortal’.

Jueves, 13 / Noviembre , 2008
Ratones.

Ratones.

Los cromosomas humanos se deshilacharían si en sus extremos no existieran los telómeros, unas estructuras de ADN que aseguran su arquitectura al igual que una goma para el pelo mantiene unida una trenza. No obstante, a medida que el organismo envejece, la longitud de los telómeros se acorta y los cromosomas se desmoronan, poniendo en peligro la viabilidad de la célula.

La comunidad científica sabe desde 1990 que una proteína, la telomerasa, es capaz de alargar los telómeros y conferir a la mayor parte de las células humanas una capacidad de proliferación ilimitada, pero esta inmortalidad tiene un alto precio. La telomerasa detiene el envejecimiento, al tiempo que multiplica el riesgo de padecer un cáncer.

Un equipo de científicos españoles, dirigidos por la bióloga María Blasco, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, ha conseguido sortear este obstáculo y ha creado una cepa de ratones transgénicos que envejecen más tarde, alcanzando algunos ejemplares una vida un 40% superior a la media de la especie. Los autores del trabajo, publicado hoy en la revista Cell y adelantado el 26 de agosto por Público, han creado, por una lado, un ratón resistente al cáncer -al aumentar la expresión de los genes supresores de tumores p53, p16 y p19ARF- y, por otro, un ratón más longevo, con mayor cantidad de telomerasa.

El resultado del cruce de ambos es un superratón que vive más años y envejece más tarde. Además, el roedor presenta una buena coordinación neuromuscular a edades avanzadas y una mayor tolerancia a la glucosa, reduciendo el riesgo de diabetes en la vejez. Los tejidos de la piel y el tracto digestivo también permanecen en un estado propio de la juventud durante más tiempo.

Según Blasco, si se trasladaran estos resultados al ser humano “sería como llegar a vivir hasta 120 años”.

Clonan ratones que llevaban congelados 16 años.

Martes, 4 / Noviembre , 2008
Ratones.

Ratones.

Un grupo de científicos japoneses ha conseguido clonar ratones a partir de cuerpos que habían permanecido congelados durante 16 años. Este experimento podría revolucionar al desarrollo de la tecnología para “resucitar” a especies extinguidas, como el mamut. El hallazgo ha sido revelado en un artículo que publica en la revista científica estadounidense “Proceedings of the National Academy of Sciences” (PNAS).

El equipo de siete personas, liderado por el japonés Teruhiko Wakayama, ha logrado por primera vez clonar ratones a partir de cuerpos congelados, que habían permanecido a menos 20 grados centígrados durante 16 años.

“Clonar animales por transferencia nuclear proporciona una oportunidad de preservar especies de mamíferos en peligro de extinción”, ha asegurado Wakayama, un científico del Instituto nipón Riken de investigación biológica.

El investigador, sin embargo, advierte de que la ‘resurrección’ de especies extintas congeladas es impracticable, porque no hay células vivas disponibles, y el material genómico del que se dispone está inevitablemente degradado”.

El equipo científico ha explicado que han creado ratones clonados sanos a partir de estas células madre embrionarias a través de una serie de transferencias nucleares”, a partir de un método de “clonación modificado”.

El estudio demuestra que esta técnica de transferencia nuclear podría utilizarse para llegar a resucitar animales o “para mantener un excedente de muestras de tejido congelado durante periodos prolongados sin necesidad de criopreservación”.

En ese sentido, Wakayama ha abierto la posibilidad de que en un futuro se utilicen óvulos de elefante para “resucitar” mamuts, aunque todavía deben aclararse varias cuestiones técnicas.

La opción de borrar archivo en el cerebro.

Jueves, 23 / Octubre , 2008
Ratones.

Ratones.

Manipular la memoria humana como el disco de un ordenador es un clásico en el fondo de armario de la ciencia ficción.

Más allá de lo recreativo, la posibilidad de olvidar recuerdos dañinos como si se extirpara un quiste es el anhelo de quienes sufren el peso de una experiencia traumática.

Aunque este escenario es aún lejano, está un paso más cerca gracias al hallazgo que científicos de EEUU y China publican en la revista Neuron.

En 1999, los nombres del científico Joe Z. Tsien, de la Universidad de Princeton (EEUU), y de su ratón Doogie saltaron desde las páginas de Nature a los titulares en medios de todo el mundo.

Simplemente introduciendo un gen extra en el cerebro de los animales, el investigador de origen chino, discípulo del Nobel Susumu Tonegawa, había obtenido ratones “más listos”, que superaban a los ordinarios en capacidad de aprendizaje y de resolver laberintos. La clave no estaba en la inteligencia, sino en la memoria.

En el Instituto de Descubrimientos del Cerebro y el Comportamiento de la Facultad de Medicina de Georgia (EEUU), Tsien continúa investigando los principios de organización de la memoria y su relación con los mecanismos de computación, con la aspiración de “decodificar el cerebro”, algo que califica como “un gran reto”. “Pero la vida sin retos es demasiado aburrida”, agrega.

En este desafío, Tsien ha conquistado otra victoria: actuar con nitidez quirúrgica, pero con bisturí molecular, sobre el almacén de los recuerdos. Sus nuevos ratones transgénicos producen dosis extra de una enzima cerebral llamada proteína quinasa II dependiente de calcio-calmodulina (CaMKII), un componente de la maquinaria de la memoria.

El modelo tiene la ventaja, de cara al control del experimento, de que la hiperactividad de CaMKII se puede aplacar con el pinchazo de un fármaco.

Tsien y sus colaboradores, de la Universidad Normal del Este de China, en Shanghai, sometieron a los animales a experimentos de reconocimiento de objetos y de miedo condicionado por un sonido que los ratones habían aprendido a asociar con una descarga eléctrica, ensayando tanto el recuerdo reciente –una hora– como el lejano –un mes–.

Extraviar el pasado.

Según Tsien, los ratones pierden recuerdos de manera selectiva cuando tratan de rememorarlos.

El exceso de CaMKII no afecta a la adquisición del recuerdo, a su consolidación ni a su almacenamiento, y los controles muestran que tampoco se bloquea el mecanismo de recuperación, de sacar el recuerdo del cajón. Simplemente es como si, al extraerlo de su caja, desapareciese para siempre.

Tsien aún desconoce el mecanismo fisiológico y, dice: “Que nadie espere pronto una pastilla que haga lo mismo en humanos; estamos al pie de una montaña muy alta”. Pero confía en haber definido un “paradigma molecular” que algún día ayude a las personas atormentadas por traumas del pasado.