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Rusia

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Los puntos calientes del Ártico.

Jueves, 7 / Agosto , 2008

La batalla por conquistar el último gran territorio virgen del planeta avanza indefectiblemente, y comienzan ya a dibujarse las fronteras del Círculo Polar Ártico. Un equipo de científicos de la Universidad de Durham, al norte de Inglaterra, publicó ayer un mapa en el que se detalla una eventual división de la gran masa de hielo.

El diseño británico muestra las disputas territoriales que enfrentan a Estados Unidos, Rusia, Canadá, Dinamarca y Noruega por el control de las heladas aguas del Polo Norte. Pero, sobre todo, por hacerse con las rutas comerciales y las ingentes reservas de petróleo y gas que se esconden bajo el Ártico.

“Hemos intentado mostrar todas las reivindicaciones conocidas y los límites acordados”, declaró ayer a la BBC el director del estudio, Martin Pratt. Su departamento, la Unidad de Investigación de Fronteras Internacionales (IBRU, en sus siglas en inglés), ha utilizado un avanzado sistema informático que tiene en cuenta todos los factores conocidos del contencioso. Su análisis geográfico marca las zonas de conflicto entre los cinco países enfrentados, que reclaman como propias.

La carrera por el Ártico comenzó hace décadas, y fue la Organización de Naciones Unidas la que marcó las reglas del juego en 1982. La Ley del Mar estableció entonces que los países ribereños tienen derechos económicos sobre las 200 millas náuticas (370 kilómetros) contadas a partir de sus costas, la Zona Económica Exclusiva (ZEE). Sin embargo, la misma norma fijó un plazo por el que, a partir de 2009, podrán solicitar una ampliación. Si un país demuestra que su plataforma continental, el lecho marino anexo al continente, sobrepasa el límite de las 200 millas, podrá extenderse mas allá.

Las circunstancias extremas y el enorme coste de los estudios necesarios para demostrar sus derechos no han frenado a las potencias interesadas. Todos los países han iniciado complejas investigaciones para reclamar una ampliación de su soberanía.

La tensión por el control del Ártico llegó a un punto culminante en agosto del pasado año, cuando Rusia plantó su bandera en el fondo marino situado bajo el Polo Norte. “La seguridad energética es un interés impulsor”, destacó Pratt, el director del estudio británico. De hecho, se calcula que la cuarta parte de las reservas desconocidas de petróleo y gas natural del mundo se ocultan en esta región. La evaluación geológica que presentó Estados Unidos en julio pasado cifra en 90.000 millones el número de barriles diarios de petróleo que podrían extraerse.

La conquista de las rutas marítimas es el segundo gran objetivo de la aventura ártica. El calentamiento global está acelerando drásticamente el deshielo, permitiendo nuevas vías comerciales. En 2007 se abrió el Paso del Noroeste, lo que rebaja hasta 14.000 kilómetros los 18.200 del trayecto entre Tokio y Nueva York. Su control ha sido reivindicado por Canadá desde 1973, al argumentar que pasa sobre su plataforma continental. La intención de España en este conflicto es que el Paso del Noroeste sea considerado como aguas internacionales por su interés pesquero.

La otra ruta, el Paso del Noreste, que comenzará a descongelarse en los próximos años, ya ha sido aprovechado por los rusos utilizando potentes rompehielos. Cruzarlo reduce a 13.000 kilómetros los 21.600 que separan Hamburgo de Tokio.

Tan sólo EE UU resta por ratificar el Tratado del Mar, lo que le da más tiempo para presentar los resultados de sus estudios. No obstante, si otras naciones demuestran antes su derecho podrían conseguir una mayor soberanía. El tiempo apremia y todos quieren ser los primeros en marcar sus posiciones. Si las cinco potencias interesadas no llegan a un acuerdo según lo establecido, la ONU podría imponer una Administración Internacional sobre el Ártico. Los enormes intereses que esconde la zona hacen pensar que los países interesados preferirán pactar antes que ceder a la humanidad el continente de hielo.

Mongol Rally, el Dakar de los modestos.

Domingo, 20 / Julio , 2008

Correrían el París-Dakar si pudieran, pero sus presupuestos no dan para tanto. Sin embargo, a estos valientes pilotos no les hace falta. Tienen su propia carrera, que, aunque menos conocida, tiene mejores propósitos… y peores coches. Mongol Rally es un reto que consiste en conducir desde Madrid, Londres o Milán hasta Ulán Bator, la capital de Mongolia. Nada menos que 13.000 kilómetros en los que atravesarán casi 20 países y tres desiertos con un objetivo: recaudar dinero para dos proyectos solidarios en el país asiático. Para empezar, 1.500 euros por coche para poder participar.

«Un amigo nos contó que iba a correr el Dakar. Evidentemente, nosotros no podíamos, pero nos hablaron de un «Dakar de los modestos». Cuando lo vimos en internet no nos lo pensamos». Fernando es uno de los 54 pilotos que ayer tomaron la salida desde el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid. Junto a Jairo, conducirá un Polo de 1987 «que no pasa de 100 kilómetros por hora ni pisándole a fondo». ¿Soportará su «cochazo» 13.000 kilómetros de malas carreteras? No apostarían por ello, aunque siempre pueden consolarse con los de sus competidores: un Renault 21 de 1986, un Renault 4 de 1983 o un Seat 127 de 1979, entre otros. Una de las condiciones del Dakar de los modestos es que los vehículos no pasen de los 1.000 c.c.

El «todoterreno» de Fernando y Jairo costaba sólo 600 euros, pero cuando le contaron al dueño para qué lo iban a utilizar, se lo dejó en 400 y, además, pagó la transferencia y parte del seguro.

Una inversión que dan por perdida con gusto, ya que, al llegar a meta, todos los coches se subastarán con el objetivo de recaudar más dinero para los dos proyectos: uno desarrollado por Mercy Corps, para promover la autosuficiencia agrícola de las comunidades nómadas de la estepa, y otro por la Fundación San Juan del Castillo, para financiar una sala informática del centro de acogida al inmigrante Pueblos Unidos. Este año llegarán a los 300.000 euros.

Los participantes tienen absoluta libertad para escoger la ruta, aunque casi todos hablaban de pasar por países como Eslovenia, Eslovaquia, Hungría, Croacia, Serbia, Bulgaria, Turquía, Georgia, Azerbaiyán, Kazajistán, Uzbequistán, Kirguizistán, Ucrania, Rusia y Mongolia. Casi nada. Toda una aventura que suelen abandonar el 20 por ciento de estos locos solidarios. Sergio no lo hará: «¡Voy a llegar con o sin Óscar!», su compañero, que aún no ha aparecido. «¡Cómo puede quedarse dormido un día así! ¡Menuda sangre de horchata!». Al llegar comenta en tono sosegado: «Yo, a diferencia de él, sé llevar la presión, por eso soy el líder».