El Nobel de medicina.
Martes, 7 / Octubre , 2008Los franceses Luc Montagnier y Françoise Barré-Sinoussi y el alemán Harald zur Hausen son los ganadores del Premio Nobel de Medicina 2008 por su descubrimiento de los virus del sida y del cáncer de cuello de útero.
Decenas de millones de personas en el mundo están infectadas por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y del papiloma humano (VPH), y millones de vidas se han perdido a consecuencia del sida y del cáncer de cuello de útero, las dos enfermedades que provocan esos virus.
Actualmente, se saben muchas de las estrategias que utilizan estos patógenos para infectar y causar el máximo daño en el organismo humano, lo que está permitiendo desarrollar fármacos y vacunas muy eficaces, un logro que ha sido posible gracias a los trabajos de los franceses Luc Montagnier y Françoise Barré-Sinoussi, descubridores del VIH, y del alemán Harald zur Hausen, que encontró que el VPH está presente en los tumores de cuello de útero. Los investigadores han consagrado décadas de trabajo a estos virus y ayer la Academia sueca les premió con el Nobel de Medicina 2008.
El VIH y el VPH no respetan ni a pobres ni a ricos, pero mientras los infectados de los países desarrollados pueden acceder a los nuevos medicamentos y vacunas, que han permitido hacer del sida una enfermedad crónica y prevenir la infección por el virus del papiloma, los afectados de los países en desarrollo siguen muriendo por miles. Y para los más desfavorecidos han sido las primeras palabras públicas de los nuevos Nobel.
Luc Montaigner, que recibió la noticia de su premio en Abiyán (Costa de Marfil), aseguró que lo primero que hizo fue “pensar en los enfermos de sida, en todos aquellos que siguen peleando contra la enfermedad”, y anunció que habrá una vacuna terapéutica en un plazo de cuatro años, lo que no excluye que “los investigadores debamos continuar trabajando porque sigue sin existir una cura para el VIH. Lo podemos ver aquí, en África. El sida sigue ahí, por lo que el combate continúa”.
Vacunas para ricos.
Harald zur Hausen, que al igual que Françoise Barré-Sinoussi, manifestó que se encontraba “sorprendido y contento” por el galardón, y destacó que “supone poner más y más en primer plano la investigación sobre cáncer; es decir, lo que se ha recompensado es el papel de los agentes infecciosos en el desarrollo de ciertos tumores”.
Su alegría no le ha impedido lamentar que la vacuna contra la enfermedad (que está disponible desde hace poco más de un año) sólo esté al alcance de los países desarrollados. “La vacuna es aún demasiado cara. El mundo occidental se la puede permitir, pero sigue siendo un gran problema para los países en desarrollo. Si fuera más económica de lo que es ahora, podría emplearse de manera genérica en los países pobres y disminuiría de forma considerable la mortalidad por ese cáncer”.
Este mismo mensaje coincide con el de la Fundación Bill y Melinda Gates, que para paliar el impacto del VPH en los países en desarrollo (donde se produce el 80% de las muertes por cáncer de cuello de útero) ha financiado un test rápido para detectar el virus en poco más de dos horas con una fiabilidad del 90%.
El Premio Nobel está dotado con diez millones de coronas suecas (un millón de euros), de los que la mitad será para el alemán y el resto para los investigadores galos.
Olvidos o errores del Instituto Karolinska.
Las decisiones del jurado que falla el premio Nobel no están exentas de polémica, más ligadas a las omisiones que a los méritos de los galardonados. El gran ausente en esta edición ha sido el estadounidense Robert Gallo, que junto a Luc Montagnier ha protagonizado una de las disputas científicas más largas y famosas por la paternidad del descubrimiento del VIH.
Finalmente, cedió y reconoció públicamente el mérito del francés en un artículo de la revista ‘Science’ publicado el 29 de noviembre de 2002. Pese a todo, ayer algunos investigadores, como Luis Menéndez, del CSIC, destacaba la aportación del estadounidense: “Gallo descubrió el primer retroviurs humano”, y otros dijeron que sin este hallazgo Montagnier no habría dado con el VIH. Ambos científicos compartieron el Príncipe de Asturias de Medicina de 2000.
En 2004, la Academia sueca premió a Richard Axel y Linda Buck por sus estudios sobre la percepción olfativa, y el excluido fue John Carlson. En 2003, el Instituto Karolinska olvidó a Raymon Damadian cuando reconoció los trabajos de Paul Lauterbur y Sir Peter Mansfield que permitieron el desarrollo de la resonancia magnética. Y en 1998, Salvador Moncada no estaba junto a Robert Furchgott, Louis Ignarro y Ferid Murad, descubridores del papel del óxido nítrico en diversas funciones fisiológicas.
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